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Susana Aspiunza comenzó a tatuarse hace poco más de un año y ya cubrió casi todo su cuerpo. Como la persona que entra a la concesionaria, pide planes del 0KM y, a pesar de saber que podría pagarlo, nunca se anima. O como la que invita al amigo que le gusta a tomar el café y nunca se la juega a decirle lo que practicó tantas veces frente al espejo. Susana Aspiunza, empresaria, 87 años, dos veces viuda, dos veces madre y tres veces abuela, dice que se pasó seis años entrando a la casa de tatuajes de su barrio. Siempre preguntaba lo mismo, muy avergonzada: “Hola. Quiero preguntarles si ustedes podrían tatuar mi piel. Está algo arrugada”. “Me faltaba decisión”, recuerda Susana ahora, en el mismo lugar en el que se decidió por primera vez, hace 14 meses. Desde esa decisión, no paró: comenzó por un ave fénix, siguió por frases

¿Cómo saber si un tatuaje de estos está bien hecho? Porque parece una foto, es decir, se asemeja lo más posible a la realidad. Para lograr esta técnica los tatuadores pasan muchas horas elaborando el tatuaje en la piel de la persona porque dividen la creación en varias sesiones largas y muchas veces tienen que volver a tatuar zonas que ya fueron pintadas para difuminar y darle varias tonalidades y profundidad. Estos son los tatuajes en los que se usan más tipos de agujas diferentes y cada una cumple una función específica: para dar sombra, trabajar los contornos y los bordes o para rellenar o colorear la piel a gran escala.

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