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febrero 2019

Empezó tatuando en un baño del Mercado Central y se convirtió en el favorito de los rockeros. Agujas y “El club de las tetas felices”. La estación de trenes de Lugano es eso que está al pie de “Mandinga Tattoo”, un edificio de tres plantas color rojo diablo, con una pantalla gigante de led en la medianera y su señal luminosa de cara al barrio donde manda. Hace unos años que este lugar dejó de ser nada más que una gran tienda de tatuajes y afines para convertirse en un espacio múltiple con alma de club vecinal y vocación filantrópica. Ambientado en clave norteamericana de los años 50 e iconografía motoquera de Harley-Davidson, lo que empezó siendo un reducto al que solamente se le animaban algunos metaleros y punks –que evitaban la paquetería de la Avenida Santa Fe y sus primeros estudios de tatuadores– es ahora una pasarela por la que desfilan