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Mandinga Tattoo

Diego Staropoli. «El tatuaje explotó con las redes sociales» – LaNación.com

Lo primero que tatuó fue un melón; lo siguiente, su tobillo. Hoy, Diego Staropoli está al frente de uno de los estudios de tatuajes más importantes de Sudamérica – Mandinga Tattoo-, que acaba de cumplir 25 años en su lugar de origen: Villa Lugano. Autodidacta y referente de esta disciplina, también es el creador de la Expo Tattoo Show, la convención de tatuadores que los próximos 8, 9 y 10 de marzo llevará adelante su 15ª edición en La Rural, junto a grandes artistas locales e internacionales, vendedores de insumos, moda, shows de bandas en vivo y otras atracciones, como el concurso Miss Tattoo o el concurso de barberos. Apasionado por su trabajo y emprendedor, Staropoli conduce un programa sobre el género que se emite por el Canal de la Ciudad (Mandinga Tattoo), ha editado dos libros -Cazador de sueños y Cosa e’ Mandinga (Editorial Empedrado)- y, como dato excéntrico, hasta fundó un equipo de softball: el Mandinga Team.

Quizá la faceta menos conocida de quien ha tatuado a muchas celebridades sea la solidaria. Apadrina a siete escuelas rurales en la provincia de Jujuy, y en el norte de Santa Fe, un hospital, y en Mandinga Tattoo también se dedica a tatuar solidariamente el seno de mujeres que han debido atravesar una mastectomía recreando con tinta su areola, siempre en forma gratuita.

-¿Cómo empezaste a hacer tatuajes?

-En el 90 me hice mi primer tatuaje en un baño del Mercado Central. Dos años después, el tatuador se había ido y comencé a tatuar en ese mismo baño. En ese momento el tatuaje todavía era recontramarginal. No había casi tatuadores en Buenos Aires, y los pocos que había no te soltaban prenda, nadie te enseñaba nada. Eran tan pocos que ninguno quería tener competencia, así que tuve que aprender yo solo, tatuando. Mi primera víctima fue un melón, enseguida me tatué yo mismo un tobillo y el tercero que siguió fue mi cuñado. Era un desastre. Lo peor es que lo sigo viendo a mi cuñado, justo en estos días se lo está sacando con láser. Después seguí con todos los pibes del barrio, mis vecinos de Lugano. En vez de pagarme ellos, era yo el que los invitaba a tomar una cerveza o una pizza para que vinieran a tatuarse conmigo. Y por suerte ellos accedían.

-¿Qué es Mandinga?

-Es un estudio de tatuajes en el que realizamos la mejor convención que se hace en la actualidad en la Argentina. Estamos en un local muy grande de 600 metros al lado de las vías del tren, en Villa Lugano. En la planta baja hay una cafetería y sandwichería con una estética de los años 50 y un show room grande con una rockolla, flippers, arcades, surtidores antiguos. Los sillones están hechos con trompas y colas de autos viejos. También tenemos un escenario chiquito para hacer shows acústicos con algunos de los músicos que nos visitan. En Mandinga se tatuaron músicos como los de A.n.i.m.a.l., La Renga, Kapanga, Los Auténticos Decadentes, Callejeros, los Cadillacs, Las Pastillas del Abuelo, Abel Pintos. El área de tatuajes cuenta con doce boxes, y en el primer piso funciona una barbería también, muy de época, donde se corta con navaja y se afeita con brocha y crema de afeitar. Arriba hay una parrilla con un quincho grande y vista a las vías del tren, oficinas, un pequeño departamento donde vive el sereno de Mandinga y un box privado donde se tatúa el cáncer de mama.

-¿Qué balance hacés de la evolución de los tatuajes de los 90 a esta parte?

-¿Cuáles son las partes del cuerpo que más se tatúan tus clientes?

-Generalmente son las partes más visibles. Las mujeres se tatúan mucho las piernas, los muslos; los hombres los brazos, y cada vez más el pecho, el cuello o las manos.

-¿Qué tendencia clara ves hoy en el mundo del tatuaje?

-Antes la gente empezaba por hacerse un tatuaje y después se iba animando de a poco a más. Hoy vienen y se hacen la manga entera.

-Como referencia, ¿cuánto sale tatuarse todo el brazo?

-La sesión de tres horas cuesta un promedio de 5000 pesos, y para hacerte la manga completa necesitás entre seis y siete sesiones. El valor ronda los 35.000 a 40.000 pesos.

-¿Alguna vez te negaste a tatuarle a alguien la cara, por ejemplo?

-Años atrás, si alguien se quería tatuar las manos o la cara tratábamos de hacerlo cambiar de idea porque se le podía complicar para conseguir un laburo. Hoy cambió todo, la gente es más permisiva y los laburos más tolerantes con eso, así que la decisión final es del cliente, y se tatúan todo.

-¿Se precisa de alguna licencia o matrícula para abrir un local de tatuajes?

-Sí, en Buenos Aires hay que hacer un curso matriculado, donde se brindan todas las nociones sobre bioseguridad y esterilización que son fundamentales para hacer este trabajo. Sin esa matrícula no podés habilitar un local.

-Claramente Mandinga es mucho más que un local de tatuajes, y además hacen un trabajo solidario con escuelas rurales y mujeres que sufrieron cáncer de mama. ¿Cómo surgió la iniciativa con estas mujeres que se hicieron mastectomía?

-Cuando la mujer tiene cáncer de mama y le sacan el pecho, para su reconstrucción, las obras sociales le cubren el implante de silicona, pero lo que nunca vuelven a tener es el pezón. Entonces lo que yo hago es tatuarles allí un pezón artificial de forma permanente, les restauro de forma gratuita la areola mamaria. Ya hemos tatuado unas setecientas veinte mujeres de forma gratuita. Y ellas realmente se sienten muy gratificadas.

-¿Cómo desembarcó Mandinga Tatoo en la tele?

-El programa arrancó siete años atrás por el canal Vibra de TDA, la televisión digital. Al principio la programación era pura música, había solamente dos programas con contenido, y uno de esos era el nuestro. Creo que solamente lo veíamos nosotros y el tipo que ponía el pendrive para bajar la programación del día. Después estuvimos un año y medio en El Garage hasta que finalmente debutamos en el Canal de la Ciudad. El año pasado ganamos un Martín Fierro en el rubro Arte y Tendencia. En unos días arrancamos la quinta temporada, que sale los martes, a las 20 horas. Es un programa que conduce Lowrdez [Lourdes Fernández], de Bandana, donde vamos contando historias relacionadas con los tatuajes, ya que generalmente cada tatuaje tiene la suya. También tocan bandas, mostramos los viajes que hacemos a las escuelas rurales cuando vamos a Jujuy o al norte de Santa Fe, y en los días de la Expo mostramos lo que vaya surgiendo en cada nueva edición. Es un mundo dentro de Mandinga.

-Y. ¿también tenés un equipo de softball?

-Sí, el softball es un deporte de origen norteamericano muy similar al béisbol que se juega mucho en Centroamérica y en Asia. Mi viejo empezó a jugarlo de chiquito en un orfanato donde había muchos mormones norteamericanos que le enseñaron y después le siguió mi tío. Con mis hermanos y mi primo nos criamos en una cancha de béisbol, jugamos para Parque Roca durante muchos años, donde mi viejo era el entrenador, y después de que él falleció dejamos de jugar. Hace dos años nos agarró el ataque de vuelta y volvimos a armar el equipo con casi los mismos jugadores ya grandes, veteranos, y como no teníamos lugar de pertenencia adoptamos el local como nuestro club, el Mandinga Team. Así que el equipo juega con las camisas de Mandinga y participa en torneos locales y nacionales. El año pasado fuimos a jugar dos torneos en Miami. En el campo somos diez jugadores y yo soy catcher, como se llama el que recibe la pelota detrás del bateador.

Recuperado de: «https://www.lanacion.com.ar/2214401-diego-staropoli-el-tatuaje-exploto-redes-sociales»

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