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Mandinga Tattoo

La Nacion – Hace tatuajes gratis para reconstruir areolas mujeres tuvieron cancer de mama.

Compartimos esta nota que nos hicieron desde el diario La Nación por Evangelina Mucari.

Hace tres años, el tatuador profesional Diego Staropoli (46) vio la publicación de un colega que durante la semana de concientización del cáncer de mama tatuaba areolas a mujeres que habían sufrido una mastectomía. Aún recuerda que se conmovió porque ignoraba dos cosas: que en estas cirugías se perdía esa parte de la mama y que podía recrearse gracias a un tatuaje. Sí conocía de cerca todo lo que atravesaban estas mujeres, ya que su abuela tuvo una doble mastectomía y su madre, una. Por eso, no lo dudó: “De inmediato, armé una publicación en Facebook diciendo que lo iba a hacer en mi local, no a modo de campaña, sino como algo permanente y de manera gratuita”, relata Diego, que hace más de 20 años es tatuador.

Lo que nunca imaginó fue que ese mensaje iba a tener casi 1.000.000 de vistas en 24 horas. “Me asusté, no sabía cómo iba a bancarlo. Se necesitan tonos de tinta especiales, muy específicos, no tan fáciles de conseguir, además del costo” explica. Sin embargo, a los tres días, estaba tatuando la primera areola. Desde ese momento, más de 600 mujeres ya pasaron por su local, Mandinga Tatoo, para realizarse esta intervención cosmética, simple y a la vez fundamental para sentirse bien.

“Parece mentira que un circulito de cinco centímetros tenga tanta complejidad. Hay mujeres que tampoco tienen pezón y, en ese caso, se los recreo como en 3D, para que parezca con relieve”, detalla. En el caso de que exista, se guía por la areola de al lado, porque las hay de distintos tonos, formas y tamaños. “No lleva líneas, tiene que ser perfectamente imperfecto”, asegura. Aunque no devuelve textura o sensibilidad, la técnica completa visualmente el seno.

Las primeras mujeres que lo visitaron llamaron al local “El club de las Tetas Felices de Mandinga”, dando una cuota de humor a un momento dramático de sus vidas y así quedó bautizado este espacio. Incluso, ese nombre se lee en la puerta de entrada al box donde trabaja Diego.

A Cristina (67) le hicieron una mastectomía de la mama izquierda y una reconstrucción. El proceso fue largo porque primero hubo que lograr que la piel estirara y, recién después, pudieron poner el implante. El año pasado, después de que le reconstruyeron el pezón, su médico le aconsejó que viera a Diego. “Vine y me tatuó la areola izquierda y fue todo un cambio. Me hizo muy bien. Fue muy importante porque me sentía mutilada y fue hermoso volver a verme al espejo”, cuenta Cristina. Al principio, todo le daba mucho miedo, pensaba que le iba a doler. “No solo no me dolió nada sino que la charla con él fue muy agradable, tuvimos empatía al instante”, recuerda.

Los miedos previos pasan más por la vergüenza de desnudarse frente a alguien desconocido y porque muchas piensan que les va a doler. La mayoría nunca se hizo un tatuaje y casi todas superan los 45 años. “La más joven tenía 16 años y la más grande, 87. Me contó que era viuda y que hacía más de 30 años que no estaba con un hombre, pero que ella no quería morirse mutilada, que ella quería verse completa de nuevo”, cuenta el tatuador.

Mariela (47) está sentada en la recepción al lado de su marido. Hace cinco años le hicieron una mastectomía total del lado derecho y una quadrimastectomía del izquierdo. “La idea es reconstruirme el pezón y la areola y también taparme las cicatrices que tengo en ambos lados”, explica. Como la mayoría de las mujeres que vienen, es la primera vez que se va a hacer un tatuaje. “Me da confianza saber que vio tantas mamas y que sabe bien cómo hacerlo”, comparte Mariela, y agrega: “Quiero cerrar una etapa y poder verme al espejo, porque una a veces no se puede ver. Es por una misma, no por los demás”.

Cada una de estas mujeres tiene un número, el del turno, y es la forma que Diego y su equipo tienen de saber cuántos trabajos de este tipo hicieron. Recibió incluso mujeres de América Latina y hasta una de España. La semana pasada, por primera vez, se trasladó a otra ciudad: fue a Bahía Blanca, donde realizó 13 reconstrucciones de areola.

Ellas no se ven mientras él les hace el tatuaje. No le lleva mucho tiempo, son unos veinte minutos. Luego, las hace levantar de la silla y mirar al espejo. “Se ven y se sienten felices. La mayoría llora, abraza a los que están al lado. Cada testimonio me retrotrae a lo que tuvimos que pelear con este tema con mi familia. Sé por lo que pasaron antes de llegar acá”.

La mayoría llega recomendada por sus médicos. Uno de los aspectos que destaca el creador de Mandinga Tatoo es el vínculo que se genera en tan poco tiempo, y lo atribuye a que “es algo que las hace sentir bien, les devuelve la autoestima, les permite cerrar un ciclo”.

Diego empezó a tatuar a los 20 y ahora su local está cumpliendo 25 años. No es el único trabajo solidario que hace: hace más de una década apadrina siete escuelas rurales, en la Quebrada de Humahuaca y en el norte de Santa Fe, junto con sus compañeros de Mandinga. Además, es autor de dos libros autobiográficos y tiene un programa de tatuajes en el Canal de la Ciudad, por el que obtuvo un Martín Fierro al mejor ciclo de Arte y Tendencia en 2018.

 

Contacto: Facebook: El Club de las Tetas Felices de Mandinga. Mandinga Tatoo: Tel.: 4602-7204. www.mandingatattoo.com

Por: Evangelina Bucari

 

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